
Los hoteleros de Sevilla, Córdoba y Barcelona son los que especialmente se preparan para sufrir unas mayores consecuencias del golpe para la alta velocidad ferroviaria española que ha supuesto el accidente en Adamuz (Renfe, Iryo y Ouigo: sangría económica por el cierre ferroviario).
El AVE ha sido clave para acercar hacia estas dos ciudades andaluzas y hacia la Ciudad Condal a un perfil de turista procedente de vuelos largos, que aterrizaba con afán de visitar durante varios días a algunos puntos de España o de Europa (Atocha es un erial: duro golpe para el turismo andaluz).
Un tipo de viajero de Asia o de América, principalmente, que por lo general demostraba una mayor capacidad de gasto, y al que el colapso del servicio rápido de trenes, sin fecha clara para su normalización, pone en amenaza a su movilidad dentro del país.
La puerta de entrada en España y Europa para un buen número de turistas de origen más lejano se ha venido registrando en Madrid, desde donde se desplazaban en AVE a disfrutar de las maravillas del arte islámico del sur, o del modernismo en el noreste.
Ahora, ante la convulsión en todas las vías férreas de alta velocidad, al menos una parte de este perfil de viajero probablemente se replantee su ruta, al perder la comodidad de moverse en algo más de un par de horas por el país, lo que aterra al sector hotelero de los destinos más expuestos a ello.

