
Los vecinos del Centro de Málaga denuncian que la proliferación de viviendas turísticas está transformando sus edificios y expulsando progresivamente la vida residencial. Asunción Moreno, vecina del Pasaje de Clemens, recuerda que ya en 2018 había 82 plazas turísticas para apenas 11 residentes en su edificio. Ocho años después, la proporción apenas ha cambiado (Los bloques de pisos turísticos se multiplican en el centro de Málaga).
Según recoge La Opinión de Málaga, en su bloque hay cuatro pisos turísticos, lo que supone un flujo constante de visitantes. “Cada tres días te cambian a 82 personas”, resume Moreno, que denuncia ruidos, fiestas y desconocidos entrando y saliendo de los portales. Además, asegura que en ocasiones la Policía Local le ha indicado que no puede acceder a los edificios ante los problemas de convivencia y le ha recomendado acudir a la vía judicial.
La situación ha llegado a incluir episodios especialmente graves. Recuerda el caso de tres turistas franceses que, según su relato, alquilaron uno de los pisos para vender droga durante la Feria de Málaga, obligando a los vecinos a avisar a la Policía Nacional. El ruido es otro de los problemas recurrentes: “Si los bares cierran a las 4 de la mañana, a las 4.15 continúa la juerga en el patio, con lo que la ansiedad es tremenda”.
El conflicto ha terminado también en los tribunales. La Asociación de Vecinos Centro Antiguo ha llevado al Ayuntamiento de Málaga ante la Justicia por no haber aplicado durante años las limitaciones previstas en el PGOU de 2011 para las viviendas turísticas en edificios residenciales. La organización sostiene que esas restricciones, que comenzaron a aplicarse el año pasado, habrían impedido buena parte de la expansión de estos alojamientos.
Málaga cuenta actualmente con 12.620 viviendas de uso turístico registradas. En algunas zonas del Centro la concentración alcanza niveles especialmente elevados. Según datos del INE, el entorno de la calle Granada llegó al 51% de viviendas turísticas y el de la plaza de la Merced al 90%. Los vecinos vinculan esta transformación también con el encarecimiento de la vivienda y la desaparición del comercio tradicional.

