Salones de belleza y barberías, negocios que «cobran más vida» en las navidades

Salones de belleza y barberías, negocios que «cobran más vida» en las navidades

El vaivén de la gente, con sus bolsas de compra entrando de un negocio a otro y los tapones de camino se reactivan de una manera especial faltando pocas horas para Nochebuena. Tras salir del trabajo, algunas personas se abastecen para llenar sus mesas, con sus listas de compra en mano. Otras ya han resuelto esa tarea y se dedican a esperar uno de los tiempos más largos, pero más necesarios y satisfactorios si se quiere dar la mejor impresión en la reunión familiar: El turno de ser atendido en un salón de belleza.

María lo sabe. Ha llegado a las 4:00 de la tarde a Guandul para hacerse un “completo”: arreglarse el pelo, pintarse uñas y pies y también las cejas. Dubitativa, piensa si valdrá la pena que le laven y le sequen a blower en vísperas de Nochebuena “porque el cabello no le dura nada”.

-Cualquiera lo deja para mañana mismo, para que estén mejorcitos

-Pero hazlo ahora y sales de eso– comenta Yahaira, la gerente del salón de mujeres.

-Bueno. ¡Pero tienes que ponerme productos buenos para que me duren mucho!

María es una de las innumerables clientas que ha recibido este salón desde que abrió sus puertas a las 8:00 de la mañana, uno de los más concurridos para estas festividades en San Francisco de Macorís por ser también barbería, cafetería y nail bar. La humareda de secadores y blowers, mezclado con el olor intenso del café que piden colar de emergencia las cuatro mujeres al frente del negocio indica que, aunque cierran a las 8:00 de la noche, se extenderán por mucho más tiempo.

-¿Vas a esperar? Mira, la tengo a ella, a ella y después a ellas dos que se están secando que se van a arreglar las uñas también.

-Sí, no hay problema.

Aunque la espontaneidad de las conversaciones y los lazos de intimidad que estrechan las estilistas con sus clientes hacen que los salones estallen de algarabía con cada visita, horas antes de Nochebuena no hay mucho tiempo para la charla, por lo que la espera se siente todavía más larga. Y es que la belleza toma tiempo y todo el mundo tiene prisa… A excepción de los dominicanos que regresan a sus casas cada diciembre.

-Tengo que hacerme las uñas, mano. Mira eso. Están destruidas y feas–comenta en un fluido inglés un hombre cuya altura, estilo deportivo, ron en mano y un manojo de pesos y dólares en la otra mano muestran claramente de dónde viene. Anda acompañado de otros cuatro que ya terminaron de hacerse “un completo” en la barbería: una pelada con el estilo que prefiera el cliente y una afeitada que les costó RD$500 a cada uno.

“(Eso) depende mucho el estilo que se haga el cliente. Una pelada son RD$300. Afeitarse y el cerquillo, así… RD$200, todo depende”, explica Gaby, un joven que tiene trabajando la mitad de los seis años que tiene Guandul operando.

Mirando hacia la puerta y recostado en el sillón, Gaby se encuentra a la espera del próximo cliente, pero no por falta de demanda, sino porque acaba de despachar a uno. Para estas épocas, dice, ha sabido recortar a 25 personas…pero no porque trabaje solo. De hecho, es el único ahora sentado de los seis barberos que pasan afeitadoras y brochas por las nucas de sus clientes.

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En Guandul, los servicios de peluquería varían dependiendo de lo que se quiera realizar el cliente. | Irmgard De La Cruz.

-El 24 es el día más grande del año entero, ahí es que viene gente– dice, entre risas.

-¿Hasta qué hora crees que trabajarán mañana?

-Mañana no tenemos hora.

En esto concuerda Smerly, la joven a la que le ha tocado hacer el manicure y pedicure a los cinco hombres que hablan en inglés, ríen a carcajadas y llevan ya RD$1,500 de consumo en 10 cervezas.

-Y ustedes, ¿quieren un trago? –comenta un joven rubio a unas mujeres bajo las secadoras de pelo.

-No, gracias.

-Ah, pero es que ustedes no beben de nada, dice mientras se da un sorbo de su vaso fon.

Cuando las chicas terminan su trabajo, los hombres se despiden, ansiosos por volver.

-Cuídense. Nos vemos mañana

-Pero mañana es 24

-Ah, pues venimos al otro día

-Pero es sábado 25, no trabajamos

-¿Y qué día es hoy? Pensaba que era martes… Bueno, nos vemos cuando vuelvan a abrir.

“Esta semana ha sido apretada, apretada. Yo llegué aquí a las 8:05, comencé a las 8:30 y no he parado. Me dieron un receso de 20 minutos, comí y volví a trabajar de una vez”, comenta Smerly, quien se ha pasado el día haciendo de todo. “Hago manicure, pedicure, lavado, rolos… ondulados, si hay que hacerlos. Poner pestañas, que lo hago también”.

Aunque sabe que “no es fácil” el ajetreo que vive para estas épocas, reconoce que le va muy bien. “A los hombres, un manicure y pedicure completo se le cobra de RD$900 a RD$1,200, dependiendo de lo que se le haga. “(Hoy a) cinco hombres arreglé”.

Para arreglar las manos de las mujeres varía el precio, pero es menor. Una pintada sencilla son RD$100, las uñas acrílicas pueden costar entre RD$300 hasta más de RD$700. Y en su caso, que también trabaja estilizando el cabello, puede ganar hasta RD$3,000 en una sola clienta con un cabello largo que se haga un proceso de keratina.

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Yahaira, gerente del salón de mujeres en Guandul, arregla las manos de una clienta. | Irmgard De La Cruz.

Esto sin contar la propina, con la que “le va muy bien” y que la pueden llevar a ganarse, en total, entre RD$5,000 y RD$6,000 en un solo día. En los días menos concurridos, se gana unos RD$1,000 a RD$3,000 en promedio.

“(Para Nochebuena) no tendremos hora (de cierre), pero yo espero no irme más allá de las 7:00 pm de aquí”, dice sonriente.

Junto a Yahaira y sus otras dos compañeras –Marlyn y Yina–, las mujeres de este salón han arreglado a más de 15 personas en tan solo tres horas. Aunque ya cae la noche y Smerly ya se retira luego de atender a todos quienes estaban en cita, la velada será más larga para las que quedan y tienen que recibir a quienes han llegado después de las 7:00 de la noche.

-¿Y será que soy la última para terminar todo?– Exclama María, que ya tiene su pelo y sus cejas listas, pero todavía le faltan las uñas. No importa lo temprano que llegue… Siempre soy la última que se va.

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