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Cuba: el último disparo de Trump es contra el Mintur

El futuro que le sobrevendrá al turismo cubano es una tremenda incógnita a día de hoy: ni la clase dirigente lo intuye ni la trumpista lo tiene claro. La situación en Cuba es tan compleja, tan difícil de desmadejar, que nadie sabe lo que va a suceder en el corto plazo (En Cuba se quedaron dormidos y no apagaron la vela).

Vayamos, pues, a los hechos y separemos más que nunca la información de la opinión. Y ni así: lo que acontece ahora mismo en el turismo de la mayor de las Antillas se disuelve mañana cual azucarillo en agua, de un día para otro. Tal es el lío. Y la bulla.

En estos momentos, lo único cierto es que la dirigencia cubana le ha concedido parte de las instalaciones del Packard a un tal Roberto Chamizo. No estamos hablando de un establecimiento cualquiera, sino del emblemático hotel de Prado y Malecón (Cuba: las hoteleras formalizan su salida de Gaviota).

Chamizo no tiene experiencia alguna en la gestión hotelera y la suya ha sido una adjudicación directa. Entren en Google y vean el historial turístico del joven, observen sus fotos y juzguen sobre uno de “los nuevos actores” a los que hacía referencia el presidente Díaz Canel.

Los dirigentes cubanos, confusos, no saben qué hacer, qué decisión tomar, y aparecen signos de división interna entre ellos. En el fondo, lo que persiguen los próceres y altos funcionarios es buscarse la vida, situarse para cuando aterricen los gringos.

Los mandos turísticos han contactado con potenciales empresarios e inversores de distintos países, incluyendo a españoles con conocimientos del sector. Algunos viajarán en breve a Cuba para sondear el panorama. Y esto no es opinable sino muy real.

Si alguno de los contactados, sean de Baleares o catalanes con residencia dominicana, deciden invertir, estarán corriendo un alto riesgo. La inseguridad jurídica es total y precisamente por ello no hay un fondo inversor ahora mismo que quiera poner un dólar en Cuba.

Otro cubano del que se habla mucho es Gilberto Pérez, ligado en su día al Grupo Martinon. Pero, al igual que Chamizo, no es un gestor hotelero al uso. Chamizo es un hombre de confianza del nieto de Raúl Castro, Raulito el “Cangrejo”. Y por ahí andan los tiros (con perdón): en colocar a los peones del Delcy cubano.

Los trumpistas, de su lado, están divididos: los de Vance van por su senda y los de Marcos Rubio por la suya (ambos aspiran a suceder a Trump). La división se ha puesto de manifiesto en Venezuela: unos querían que María Corina Machado viajara a la Guaira, epicentro del terremoto, y otros la obligaron a regresar cuando ya estaba de camino.

La presión de Miami hay que tenerla muy en cuenta: en muchos cubanos de Florida anida el rencor. A estos les agradaría que las multinacionales hoteleras de EEUU lucieran sus emblemas en los hoteles del país. Pero para que eso suceda tienen que darse unas circunstancias que ahora no se dan.

La incertidumbre, por tanto, es total. En buena lógica, las hoteleras españolas que están implantadas en el país son a día de hoy las más preparadas para llevar a cabo la transición hasta que se aclare el panorama. Pero la lógica no se aplica en Cuba desde hace decenios.

A punto de terminar esta crónica, nos llega el comunicado del Departamento de Estado de USA señalando que también tomarán medidas contra las empresas que operen con el Ministerio de Turismo. Más follón para un país fallido. Más pena, más sufrimiento y más extravío.

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