El posicionamiento turístico de Galicia y su promoción para atraer al viajero se encuentra ampliamente concentrada por un atractivo tan incomparable como el Camino de Santiago, tanto en su recorrido como en su epílogo cumbre, lo que ha supuesto un obstáculo histórico para el desarrollo de una industria potente de viajeros vacacionales a un destino con todos los atributos para ello como las Rías Baixas, con Sanxenxo como emblema.
Esta zona, si hubiese contado con un gobierno autonómico propio diferente al de la Xunta, habría dispuesto de mayores recursos para promocionarse ante el mundo como un potencial gran destino de playa, paisajes y gastronomía, en especial ahora que cada se hacen más comunes los días soleados.
Sin embargo, el impulso de una industria vacacional de mayor potencia a la que actualmente goza el destino, tanto en oferta hotelera como en proyección, se ha visto condicionado porque los recursos de la administración regional han sido más proporcionales al interés que suscita por todo el mundo el peregrinaje a la tumba del apóstol, en especial en su parte católica.
De haberse ubicado en otra autonomía norteña o levantina, un destino con una base tan fuerte como el de las Rías Baixas para convertirse en uno de los referentes, parece probable que el turismo en la zona representaría un motor de más peso económico de lo que representa actualmente.
Pero desde el sector turístico de Sanxenxo, según comentan a Preferente, celebran que desde que el Rey Juan Carlos I comenzó a acudir a su club náutico a practicar la vela a fin de prepararse para regatas, el destino ha experimentado un boom gracias a la proyección para su turismo y de toda la zona que supone todos los focos que trae consigo cada visita del Emérito a las tierras del albariño o las zamburiñas.
Los destinos del Norte español, como lleva viéndose en Asturias desde la pandemia y ante la acentuación del cambio climático, emergen como uno de los de mayor recorrido para el turismo español, mientras la sequía afecta con cada vez más fuerza a las costas levantinas, desde la catalana hasta la valenciana, levantando interrogantes a largo plazo sobre los proyectos volcados en la temporada veraniega.

