
Un complejo turístico sin licencia ubicado en el Puig des Corb Marí, dentro del Parque Natural de ses Salines, en Ibiza, sigue aceptando reservas en Booking pese a que varias de sus construcciones tienen órdenes de demolición pendientes y acumulan expedientes por infracciones urbanísticas. El alojamiento, que lleva años operando al margen de la normativa turística, tiene ya buena parte de la temporada alta prácticamente completa (El cerco a los pisos turísticos ilegales borra miles de plazas en España).
Según Diario de Ibiza, el propietario explota la finca a través de la sociedad Damaskina. Si durante años este tipo de anuncios proliferó sobre todo en Airbnb, tras los acuerdos firmados entre el Consell de Ibiza y las principales plataformas para retirar viviendas turísticas sin licencia, algunos propietarios han optado por cambiar el nombre o utilizar otros canales. En este caso, el anuncio fue retirado de Airbnb pocos días después de publicarse, pero continúa disponible en Booking (Airbnb escapa al control y sigue dando alas a la oferta ilegal).
La oferta incluye dos bungalows de madera, varios estudios y una villa con vistas al mar. Los precios oscilan entre los 540 y los 900 euros por dos noches en estas fechas y en agosto apenas quedan estancias libres. Precisamente, sobre ambos pesa una orden de demolición y una multa de 271.668 euros al haber sido construidos sin licencia en suelo protegido. El procedimiento sigue pendiente después de que el propietario recurriera la sanción.
Las demás edificaciones tampoco están exentas de procedimientos urbanísticos. Tanto los estudios como la vivienda principal fueron ampliados de forma ilegal y cuentan con órdenes de derribo dictadas por el Ayuntamiento de Sant Josep, que todavía no son firmes al encontrarse judicializadas. Pese a ello, todos estos inmuebles continúan ofertándose como alojamiento turístico y permiten formalizar reservas para este verano.
Las opiniones publicadas por algunos clientes en Booking recogen además numerosas incidencias durante la estancia. Un viajero italiano denunció que tuvo que pagar un suplemento para disponer de sábanas y aseguró que el alojamiento no incluía toallas ni secador de pelo. Otra turista explicó que la primera noche tuvo que dormir en la calle porque el propietario no pudo recibirla y denunció problemas de limpieza, falta de presión de agua y chinches.
Además, la actividad de este complejo suma una denuncia por presunta estafa presentada por una agencia que había alquilado el chalet para explotarlo durante la temporada de 2023. Al tramitar la documentación ante el Consell descubrió que la vivienda carecía de licencia turística.

