
Aunque el puerto emiratí atacado ayer por Irán se encuentra lejos de Dubái, la noticia vuelve a poner en entredicho la normalización por la que Emiratos Árabes Unidos está luchando de cara a conseguir una recuperación del turismo (Emirates recupera casi toda su red).
A día de hoy la situación es horrible, prácticamente sin turismo y con los hoteles vacíos o con la persiana bajada. Entre los establecimientos cerrados están el St Regis, el Palm y el Armani, situados en el rascacielos Burj Khalifa. Los parques Wild Wadi Waterpark Y Dubai Parks Y Resorts han dejado de operar. Los restaurantes abiertos buscan captar la clientela local, insuficiente para tanta oferta.
La crisis tiene un lado social doloroso porque la mano de obra inmigrante que mueve Dubái está ahora sin trabajo. Zonas como Sonapur, habitada por trabajadores del sureste asiático, empiezan a vivir tensión social porque no hay dinero. La legislación laboral de Emiratos, con su sistema ‘kafala’, que limita el derecho de cambiar de trabajo e incluso de dejar el país, pone una nota muy preocupante a la crisis que se está arrastrando.
Y las perspectivas de una paz duradera sufrieron ayer un duro golpe con el bombardeo del puerto de Fujairah por parte de Irán.

