
El hotel Santo Mauro es uno de los centros de reuniones —decir de operaciones es entrar el terreno de las especulaciones— del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. En el señorial y coqueto establecimiento de la calle Zurbano —buque insignia de AC, Bambi de Oro, acuñación de Bernaldo de Quirós— se reúne a menudo con conocidos y amigos de toda ralea de aquí y de allá (Zapatero insiste en que no intermedió en el rescate de Plus Ultra).
Rodríguez Zapatero, quien desde este martes está en el ojo del huracán político por su imputación judicial en varios casos de presunta corrupción, usa el hotel de su amigo Antonio Catalán para mantener encuentros con los altos mandos de la justicia, con importantes cargos públicos españoles, con empresarios venezolanos y con una patulea de intermediarios, zahúrdas en algunos casos.
De los hoteles de Madrid, el de Chamberí es el único utilizado por ZP para sus frecuentes citas con la grey más variopinta de la clase dominante de España y Latinoamérica. A cara descubierta, el exdirigente socialista que asesora a chinos y venezolanos comparte con el presidente del Tribunal Constitucional y con excompañeros de partido que lideran poderosos lobbies (Zapatero afirma que ayudó a Hidalgo con Maduro “a cambio de nada”).

Por gracia de Antonio Catalán, también íntimo de Pedro Sánchez —el hotelero navarro fue el empresario que le aconsejó que no se hiciera la fusión de Iberia con Air Europa—, Rodríguez Zapatero se siente en el hotel palacio como en su casa. La sede de sus negocios, obviamente, está fuera de este establecimiento, en concreto en la calle Ferraz, que ya es casualidad.
ZP, actual icono del sanchismo después de haber luchado denodadamente por el susanismo, también cuenta en el sector turístico con el apoyo del que fuera dueño de la fallida cadena Husa y expresidente del Barcelona, Joan Gaspart, y del georgiano exsecretario general de la OMT, Zurab Pololikashvili. Los tres operan con China.
Por supuesto que el Santo Mauro no ha sido objeto de ninguna investigación ni judicial ni policial, pero sus paredes son testigos de conversaciones muy interesantes, trascendentales, que el expresidente del Gobierno español ha mantenido con personajes y personajillos que han orbitado para bien o para mal alrededor del mandatario hoy cuestionado por la Audiencia Nacional. Y las Fuerzas de Seguridad y de Inteligencia lo saben.

