
El rey emérito destaca en su libro de despedida que hizo mucho por Mallorca (él dice Palma). Juan Carlos I recalca que después de cuarenta años “dejé Palma en la cúspide como uno de los destinos turísticos veraniegos de Europa”. El rey que trajo la democracia enumera “la extensa” lista de jefes de Estado y de altísimas personalidades que pasaron por Marivent y que es algo “que ha contribuido a hacer de Palma un destino de moda, con un enorme crecimiento turístico desde mi primera visita”. El rey obligado a abdicar no agradece en el libro las dádivas del pueblo mallorquín y se olvida de los hoteleros que sufragaron a escote la compra del yate Fortuna para su uso (Juan Carlos I: “Dejé Palma como un destino turístico líder”).
No solo los grandes hoteleros pusieron dinero a través de una fundación creada expresamente para pagar el barco del rey. Hubo dueños de cadenas medianas y pequeñas que se sumaron porque consideraban que la presencia de los reyes en las islas era clave para la promoción de Baleares. También apoyaron la iniciativa empresarios ajenos al turismo como los propietarios del Grupo Serra y del Grupo Fontanet. El Gobierno balear y entidades financieras se agregaron al proyecto del yate. En el libro de la reconciliación no se habla de ninguno de ellos.
El monarca artífice de la ejemplar transición confraternizaba cada verano con los hoteleros más selectos de las islas, incluidos los de las menores. Tuvo especial relación con Escarrer Juliá y con Miguel Fluxá. El rey padre comió varias veces con Escarrer padre en la casa de este en Son Vida y la cercanía entre ambos era notoria. Con Fluxá también se veía muy a menudo fuera de los encuentros oficiales en Marivent. El nexo del extrovertido rey y el sociable empresario de Inca era (y es) Manuel Piñera y Gil-Delgado, íntimo amigo de ambos. Con Hidalgo y los dueños de Marsans mantuvo igualmente un estrecho vínculo.
El primer anfitrión de Juan Carlos I en Mallorca —finales de los 70– fue el príncipe georgiano Zourab Tchokotua, a cuya boda con Margarita Salas acudió en la catedral de Palma. Fue Tchokotua durante una larga etapa su colaborador más cercano en tierra balear. El círculo del príncipe georgiano acabaría jugando un papel esencial en la vida privada del monarca. Zourab Tchokotua, un aristócrata de escaso patrimonio pero de cuantiosas relaciones, influyó de manera decisiva en la concesión del casino de Mallorca a una sociedad que competía con la del hotel Son Vida y que lideraban Escarrer y Gaspart.
La propuesta del casino para el entonces mejor hotel de la isla la defendieron no solo los presidentes de Sol Hoteles y Husa: también contó con el apoyo del alcalde de Palma, Paulino y Buchens, y del poderoso empresario periodístico Pedro Serra. La Comisión Nacional del Juego falló en primera instancia a favor del Son Vida, pero Presidencia del Gobierno hizo arte de magia para que el adjudicatario del casino se instalara en una urbanización de lujo de Calviá y propiedad de madrileños de alto rango. Ganaron los amigos de Tchokotua.
Aunque no afincado en Mallorca, el rey tuvo otro amigo muy cercano con el que pasaba frecuentes temporadas en la isla: Manuel Prado y Colón de Carvajal. Juan Carlos hizo que al diplomático lo nombraran presidente de la compañía Iberia. Con el tiempo, Prado y Colón de Carvajal se convertiría en administrador privado del monarca. Tanto Tchokotua como el empresario descendiente de Cristóbal Colón cayeron en desgracia y en el olvido. Zourab Tchokotua intervino posteriormente como bróker en varias operaciones hoteleras.
El vínculo de Fundatur (así se llamaba la fundación creada para la compra del Fortuna) y el rey empezó a resquebrajarse poco tiempo después de que Letizia Ortiz se convirtiera en princesa de España. Opuesta desde el primer día a las amistades mallorquinas de su suegro, Letizia tuvo un agrio desencuentro con el magnate de la prensa balear en el hotel Victoria. El yate acabaría siendo adquirido por Balearia, entonces participada por los Matutes y por el hoy único dueño de la naviera: Adolfo Utor, destacado empresario sanchista.
Siempre pragmáticos, los hoteleros y los empresarios que compraron el Fortuna pasaron pronto página del distanciamiento con la Marivent y La Zarzuela. No ha habido desde el alejamiento ni una sola mala palabra ni para el rey que vino del exilio y vive en la diáspora ni para los actuales monarcas. Juan Carlos I se fue a Arabia y los empresarios se quedaron en España. El rey padre tuvo un último contacto con los Escarrer después de mucho tiempo y fue tras el fallecimiento del patriarca: llamó a Escarrer jr. para darle el pésame tras facilitarle Manuel Piñera el número del móvil.
El rey hizo mucho por Mallorca y por las islas, pero las autoridades y la sociedad balear le correspondieron debidamente. La Diputación Provincial le puso a su disposición el Palacio de Marivent, los mallorquines le mostraron su cariño y los pudientes obraron con gratitud. Nunca los empresarios se metieron en la vida privada del monarca que paró el golpe de Estado. En la Reconciliación de Juan Carlos I no hay una sola palabra hacia sus benefactores mallorquines (del turismo y de otras actividades económicas). Nada más que un ruidoso silencio.

