
“Díaz Contados”. Así llaman los medios anticastristas de Miami a Díaz Canel, presidente de Cuba. Los Rubio boys están convencidos de que, de una forma u otra, pacífica o a la fuerza, el dirigente cubano acabará cayendo más pronto que tarde. Los cubanos de la diáspora norteamericana sostienen que la mejor manera de terminar con el Régimen es con una intervención militar. La Casa Blanca quisiera una transición sin sangre, pero los Castro aún resisten. Cualquier escenario se contempla en la antillana mayor y el sector turístico está a la expectativa (Cuba: las hoteleras formalizan su salida de Gaviota).
Ni Axios, el medio político mejor informado de EEUU, ha conseguido desencriptar las claves de las negociaciones que mantienen los hombres de Donald Trump con los de Raúl Castro. La única evidencia a día de hoy es que el comandante en jefe de USA quedó liberado este domingo —el día de su 80 cumpleaños, ya es casualidad— de la pesada carga de la guerra de Irán. Sin el fárrago iraní, del que no ha salido victorioso, Trump tendrá más tiempo para desarrollar su estrategia sobre Cuba, un forúnculo en la parte trasera de Estados Unidos desde hace casi 70 años.
El devenir del turismo cubano se atisbará cuando se sepa cómo Estados Unidos toma el control del país, si por las buenas o por las malas. En función de ese desembarco se podrán sacar conclusiones. Mientras tanto, las cadenas españolas y las que tengan interés para implantarse en el medio o corto plazo están a verlas venir. Nadie sabe a ciencia cierta cómo quedará el patio turístico. Nuestras hoteleras están alertas, tienen el propósito de seguir y se mueven de un lado para otro.
Ni siquiera José Fanjul, empresario cubano amigo personal de Trump y dueño del elitista resort dominicano Casa de Campo, sabe con total certeza lo que sucederá con la industria turística cubana tras la toma del país caribeño por los EEUU. Lo que sí tiene claro Fanjul, amigo del Rey Juan Carlos y de familias de la alta sociedad de Madrid y Mallorca, es que los “nuevos actores” de los que habla Díaz Canel no tienen ni por asomo nada que ver con los protagonistas del turismo en los que piensan Trump y Rubio (Cuba: “nuevos actores” en lugar de cadenas hoteleras).
Solo la Casa Blanca, el Pentágono y la Oficina de Intereses de los EEUU en el malecón habanero saben lo que acontecerá en Cuba si los Castro siguen oponiéndose a ceder el control del país a un Delcy que haga un cambio sosegado. El empresario y los políticos de la derecha española que visitan la embajada de la calle Serrano tienen una idea aproximada de lo que sucederá en Cuba tras la invasión, pero desconocen cómo se desarrollará la industria turística.
Hace mucho que Cuba se quedó dormida sin apagar la vela. Como en el cuarto de Tula, la corredera ha prendido en todos los repartos habaneros, desde el Eléctrico a Marianao. Al de la Cachimba llegaron a tiempo los bomberos con sus campanas y sus sirenas, pero como se descuiden un poco más no habrá brigadas suficientes para pagar tantos fuegos y tanta candela. Ay, mamá.

