
Los hoteles suben los precios porque tienen demanda, pero eso no desanima a todos los visitantes. El Periódico de Barcelona acudió una noche de este mes de agosto a las playas de la Ciudad Condal para descubrir cómo cuantiosos visitantes, sobre todo de más allá de los Pirineos, duermen a la intemperie ante la imposibilidad de pagar lo que piden los hoteles (Barcelona: 15 euros, la mayor tasa turística del mundo).
El periódico se encuentra con turistas de España, pero también de Suiza, Londres, Francia o los Países Bajos. Algunos llevan ya más de un mes durmiendo al aire y aún piensan estar otras dos semanas “porque me piden 150 euros por una habitación” que no están dispuestos a pagar.
Dormir al raso tiene sus riesgos. A uno de los viajeros le robaron el móvil. “Me costó unos 100 euros. Es una noche de hotel. Llevo más de treinta noches aquí, todavía voy ganando”, concluye.
Algunos destacan que las playas dan una gran oportunidad para confraternizar. Es como los salones de los hoteles. Algunos comparten su metro cuadrado después de haberse conocido justamente ahorrando dinero de hotel.
Hay turistas de menos fidelidad. Por ejemplo, aquellos que se quedan sin posibilidad de volar en un día determinado y han de extender su estancia. En esos casos, comprar una habitación de hotel en pleno agosto es muy caro por lo que algunos de los entrevistados simplemente están un día al aire.
No hay cuantificación de este fenómeno que probablemente no sea masivo. Al menos por el momento.

