
Los destinos turísticos egipcios del mar Rojo afrontan el riesgo de verse afectados por la escalada de los ataques hutíes en la región. Egipto teme que una mayor implicación militar contra los rebeldes yemeníes provoque represalias contra sus infraestructuras y su industria turística, una de las principales fuentes de divisas del país. De hecho, ya han amenazado con que sus ataques podrían incluir el Canal de Suez si los egipcios se implican en la defensa saudí (Los hutíes amenazan a las aerolíneas: “No vuelen sobre Arabia Saudí”).
Entre los destinos que podrían verse más expuestos figuran Sharm el-Sheij, Hurghada y Marsa Alam, tres de los principales enclaves turísticos de la zona. Los tres compiten con Canarias por la demanda europea durante la temporada de invierno, por lo que una escalada de la tensión podría afectar a los grandes destinos de sol y playa (Egipto ‘descubre’ el potencial hotelero del Mediterráneo).
Según el medio Arab Center, la preocupación ha aumentado después de que el Parlamento egipcio aprobara el 26 de octubre la petición de Arabia Saudí para recibir ayuda militar frente a los hutíes. El grupo ha atacado barcos e instalaciones petroleras saudíes y ha demostrado capacidad para alcanzar objetivos a cientos de kilómetros. Una intervención directa de Egipto podría ampliar el riesgo de represalias, aunque por ahora no se han anunciado ataques contra sus zonas turísticas.
La navegación por el mar Rojo es clave para los ingresos del canal, pero el turismo también tiene un peso decisivo en la economía egipcia: generó 15.300 millones de dólares en 2024. Así, una nueva crisis de seguridad podría perjudicar la llegada de visitantes y la confianza de los inversores, en un país que afronta una elevada deuda externa.
La presión sobre El Cairo procede en buena medida de Arabia Saudí, uno de sus principales apoyos económicos. Los ataques hutíes contra objetivos saudíes, incluidos el aeropuerto de Riad y la petrolera estatal Aramco, llegaron a interrumpir durante más de dos semanas las exportaciones de crudo desde Yanbu, en la costa del mar Rojo. Riad reclama ayuda para contener las ofensivas, pero Egipto teme que una intervención directa convierta también su territorio en objetivo.
Por ello, el gobierno egipcio estudia cómo respaldar a su aliado sin verse arrastrado a una nueva guerra en Yemen, donde ya sufrió una costosa intervención en los años sesenta. Entre las alternativas figura reforzar sus medios navales y aéreos en el mar Rojo o desplegar recursos defensivos en Arabia Saudí, en lugar de enviar tropas sobre el terreno. Además, el Cairo mantiene contactos diplomáticos con Irán y distintas facciones yemeníes para tratar de frenar los ataques y proteger la navegación.

