
El agudo encarecimiento de las estancias hoteleras que ha caracterizado a los últimos meses se ha situado en primer plano del debate en el sector ante los síntomas de que la demanda se ha enfriado desde hace unas pocas semanas (Alarma hotelera: las reservas llevan una quincena frenadas).
El auge de los pagos plazos para los viajes se aprecia como una prueba de que las ganas de viajar se mantienen como una fuerte prioridad para el consumidor, aunque cada vez tiene más dificultades para poder hacer frente a las crecientes tarifas (Sobresalto hotelero al dispararse pagos a plazos en viajes desde UK).
La contención del crédito bancario, tanto por la menor demanda ante la subida de intereses, como por las mayores negativas de entidades ante el alza de la morosidad, está impactando en la capacidad de la demanda para irse de vacaciones.
Muchas voces en el sector, especialmente desde agencias grandes y también pequeñas, ponen el énfasis en que se modulen los precios hoteleros una vez el emisor ha dado las primeras señales en un año de haber enfriado su capacidad de gasto en viajes.
Los hoteleros vienen resistiéndose a frenar el encarecimiento de sus tarifas, lo que en parte justifican más en que no hacen ofertas y que con eso ya no suben precios, pero de prolongarse la ralentización del mercado se aumentará la presión para adecuar precios a la menor intensidad de la demanda.

