
Además de muy perspicaz y de gran currante, Escarrer Juliá destacó por ser el que más agallas tenía de entre los grandes del turismo. Fluxá repite a menudo que no hubo otro con más redaños. Fue tan valiente que adelantó 500 millones de pesetas al dueño de Meliá, Parretti, sin apenas garantías de este en caso de devolución por incumplimiento de contrato. Un año después de su fallecimiento se le recuerda con admiración y estima (Fallece a los 89 años Gabriel Escarrer Juliá, pionero de la hotelería en España).
Solo se mordió un poco la lengua en la última etapa al frente de Meliá. Siempre defendió con ahínco sus propuestas ante las autoridades de los distintos partidos. Con la alcaldesa de Calviá mantuvo en prensa una recordada controversia semanal. A Matas, Escarrer padre le dijo en su despacho ministerial que fuera al grano y se dejara de “cantinfladas”. Estar en el Ibex no le arredraba (Luto mundial por el fallecimiento de Gabriel Escarrer Juliá).
En casa del líder empresarial dominicano le pidió al presidente del país caribeño que cambiara al ministro de Turismo en presencia de este. Los colegas de Escarrer, el presidente Medina, el ministro García y el anfitrión Rainieri, se quedaron petrificados. Decía lo que sentía con valor, pero en el lugar adecuado y siempre guardando las formas.
Se echó a sus espaldas la batalla del sector turístico contra la ecotasa. Desde el núcleo duro, integrado por 10 miembros, dirigió de 2000 a 2003 la astuta estrategia contra las autoridades y medios partidarios del impuesto turístico. Combatir al poder balear y sus defensores mediáticos (la consejera de Medio Ambiente pretendía una reducción de 3 millones de turistas), le generó una gran inquietud.
Gabriel Escarrer tenía un gran sentido de Estado. Fue amigo del Rey padre y respetó y apoyó al actual monarca. Prestó servicios históricos que por prudencia no aparecen en su libro “Mi vida”. Entre otras misiones intervino en una que tuvo lugar en la planta 5 del Gran Meliá Victoria y que fue clave para la detención de Roldán, la mancha más grande de la Benemérita.
Para el presidente de Meliá el mejor de sus colegas era Fluxá. Su amigo del alma fue Pepe Linares, vicepresidente de Iberostar. Admiraba y disfrutaba con Miguel Codolá, quien le puso el apelativo de emperador. No bebía, no fumaba y bailaba con mucho garbo. Era muy dado a los refranes. Rocoso y correoso, fue muy amigo de los amigos (él y Pablo Piñero, los que más).
Fue muy creyente, muy practicante y benefactor de la Iglesia. Los prontos de Escarrer asustaban. El perfeccionismo y el pragmatismo eran otras dos de sus virtudes. Su vida, su cúmulo de vivencias y anécdotas, dio para varios libros. O al menos para uno más gordo del que escribió. Soñó con ser el Hilton español y lo logró con creces.

