
Un catedrático de economía le arreó recientemente un fuerte zurriagazo en El Mundo al turismo masivo, tan denostado por la progresía y la aristocracia, que ya es coincidencia . “Ni un turista más”, clamó el profesor de la Universidad de Granada. Se llama Francisco Rodríguez Fernández, quien además ejerce como director del área financiera y digitalización de Funcas.
Otro catedrático, pero este de la Universidad de La Laguna y especializado en arquitectura, lleva años, más bien lustros, azuzándole al turismo que en otra época no muy lejana llamaban de chanclas. Este catedrático tinerfeño ya está retirado y probablemente viva en el campo como su antiguo rector, que mora en La Gomera.
El profesor universitario malagueño Manuel Arias Maldonado, quien compagina su trabajo con el de escritor, filósofo y ensayista, también ha sido crítico con el turismo en las páginas de El Mundo. La aglomeración de la calle Larios le debe producir ansiedad a Arias Maldonado, aunque no tanta como a sus colegas de otras Universidades.
En España y probablemente en el universo, es en Mallorca, donde hay más profesores y maestros contrarios al turismo, extrañezas del ser humano. Paradójicamente, la Universidad de Baleares, la UIB, hizo doctor honoris causa a Gabriel Escarrer padre a principios de los 90, en pleno “boom” de las “ hordas” turísticas en Magaluf y Playa de Palma.
Una cascada de catedráticos de nuestro país, especialmente los de los destinos turísticos más relevantes, casualidad o no, están muy soliviantados con los vacacionistas de touroperacion, bajo coste, chárter y alquileres de apartamentos. O sea, contra lo que los analistas apartidistas y desinteresados llaman “la democratización del turismo”.
Con Benidorm, playa de Madrid y destino estrella de cientos de miles de británicos y donde la masificación turística es más manifiesta, no se meten nuestros catedráticos. En el pueblo alicantino, pionero del turismo de masas, los “hooligans” de UK y los jubilados del Imserso son recibidos con los brazos abiertos.
En Capri, en Dubrovnik, en Ámsterdam y otras ciudades turísticas europeas hay tanto “turistas de horas” como en el centro de Palma, de Málaga, o de Tenerife Sur. Y los catedráticos o profesores de esas ciudades o países no se meten con un modelo de turismo que aquí es vilipendiado por los nativos que viven precisamente de esos “invasores”.
El turismo se democratizó hace 6 décadas gracias a los turoperadores. Hasta entonces solo viajaban las élites. Tanto derecho tienen a vacacionar los ricos como los pobres. Gracias a los suecos y alemanes se ha recuperado el casco antiguo de Palma, que estaba mugriento y hoy luce esplendorosamente. En Málaga sucede otro tanto.
Los antiturismo también son viajeros y vacacionistas e igualmente saturan centros de ciudades llenos de historia e incluso lugares sagrados. Los catedráticos van a islas griegas superpobladas y al Michu Picchu. O a Roma, como bien sabe el catedrático que fue consejero de economía de un gobierno balear. A ver quién detiene al turismo de masas…

